Mi Guardia – 5.3.17 – Henry J. White


Cuando los almendros florecen
y las calles de Madrid se iluminan,
cuando los hijos de Lorenzo peregrinan
hasta tu cuerpo, dulce y suave
donde comparecen].

Es entonces cuando la ciudad despierta, rinde pleitesía,
Y un humilde igual, no sacerdote, ni rey, ni caballero.
siquiera un villano, un político o un carcelero.
en la loma de tu espalda, protector reivindicaría:

Una caricia tierna de tus manos,
un sinfín de suspiros y abrazos.

Una mirada encontrada,
azarosa y [al mismo tiempo] predestinada.

Un cómplice susurro de mis latidos a tu oído.
Mantenido por el Do de Caecius en su silbido.

Cuando los almendros florecen
y las calles de Madrid se oscurecen,
cuando las hijas de Selene
brillan en lo alto, y te adormeces.

Es entonces cuando la ciudad dormida, sucumbe vencida,
en cada uno de tus sueños, de tus miedos y de tus alegrías,
Y mi yo mas eterno, te cuida bienvenida, y te guía en la vida.
Y en el etéreo firmamento, te miro y suplico:

Duerme sin miedo, duerme tranquila
Mi guardia aun no termina.

Sueña con el viento, sueña con la vida
pero no dejes de soñar, por que te perdería.

Mañana sera un nuevo día.
[De ti me enamoraría].

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