Paraíso – Henry J. White – 2005

Paraíso – Henry J. White – 2005

Quise nacer bajo la piel de un pájaro,
deslizarme como una alegre salamandra, por el agua.
atisbe una luz grandiosa y celestial.
Inundado por colores vivos,
respirando una frescura inexplicable,
alentado por una armonía celeste.
Vi a aquella mujer imposible de describir,
rodeada por un halo,
allí quede cegado,
espere trankilo a que se comunicara,
mas fue impredecible al tiempo,
fuera del concebido espacio,
al fin dejo caer
tímidamente su mano…
llevándome a un lugar…
aquel que todo el mundo
toma como su propio hogar.

Hermoso y bello
saturado de vida,
en el que reinaba el amor,
y no la maldita desidia.
allí donde fui
jamás nadie pudo concebir.

Quisiera poder relatarles…
detallarles aquel lugar,
mas no abría palabra humana
para poder expresar…

no había ruido,
mas no existía el silencio,
no escuchaba
y a al vez oía todo.

Ella bailaba,
cantaba,
danzaba y caminaba
a mí alrededor,
sus dorados
mechones rizados
descendían tiernamente
sobre su dulce y esculpido cuerpo,
suave,
liso,
perfecto.
era algo natural,
no!, era sobre natural,
algo divino,
mas allá de lo concebido como divino,
superaba el mundo de las ideas…
allí estábamos los dos,
sobre una gigantesca
alfombra verde clara
por la que se descubría
un trayecto enorme celeste,
el brotar de un manantial
se escuchaba lejos
y al momento parecía
estar junto a nosotros…
chispeaban las gotas
tal cual resbalaban por las rocas.

todo aquello era tan sublime,
el piar de los pájaros,
algunos ruiseñores volaban
mientras otros
solos o acompañados
cantaban al son del sol.
era tan fantástico,
tan irreal
k no podía pensar
que aquello no fuese
mas que un sueño..

pero corría por mi cuerpo
tales sentimientos,
tan real,
k casi podía
besar el viento…
aun hoy recuerdo ese momento,
en k kede prendado
de akella sonrisa tan bella,
cabalgando sobre un potro blanco
ensimismado por ella…

el cielo
era siempre como un amanecer eterno,
siempre anaranjado,
brillante,
fugaz,
despierto.
creí atisbar alguna nube,
mas solo debió ser mi imaginación,
pues estaba tan despejado
k casi podía ver tras el cielo.

no había boskes,
tan solo árboles,
aquí o allá,
pekeños,
grandes,
finos o anchos,
todos vivos,
todos florecientes,
rojos,
verdes,
naranjas o azules
era akel país el mundo de las luces..

no divisaba el horizonte
mas era incapaz de atisbar
el fondo de akel lugar,
solo estuve unas horas,
pero kise kreer
k fueron días,
semanas,
o años,

pues allí
todo escapaba a la percepción del tiempo…
de repente
oí mi nombre tras un montón de hojas,
cuando gire mi cabeza..
todo se desvaneció
tan pronto como apareció…

Henry J. White
2005

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